Mariana Azpurua (...y amigos muy queridos!)

quien escribe este blog...

Soy una persona francamente incómoda. Lo tengo claro. No creo en dogmas. Sigo las reglas sólo lo justo para no meterme en problemas. Suelo desmitificar aquello que es sacro para diferentes colectivos. Veo más allá de casi todo.

Esas cosas que unen a las personas, me son absolutamente extrañas. Por ejemplo, a pesar de la creencia generalizada -apoyada desde la psicología conductual- en que las hembras tenemos la necesidad de construir redes que nos fortalezcan y nos hagan personas más completas y por ende más felices, me resulta complicado unirme a grupos de mujeres. Si son solteras, opinarán sobre los hombres que se hallan y los que no se consiguen. Criticarán sin cesar a otras mujeres. Hablarán de moda, de fitness y de tratamientos de belleza. No mostrarán ni una debilidad y casi nunca dirán la verdad. Dentro del mismo grupo, formarán facciones y se unirán unas contra otras con disimulo. Siempre habrá unas más amigas que critiquen a otras, consideradas satélites o agregadas. A mi ver, un grupo de mujeres solteras, puede ser más peligroso que una horda mongola.

Si son casadas, hablarán mal de los maridos. Compararán sus vidas sexuales y mentirán también. Criarán hijos juntas, porque así es más fácil poder comparar los suyos con los de las otras, determinando que los suyos son siempre mejores aunque no lo parezcan. Harán muchas cosas al estilo tribu: ellas, los hijos y los maridos -que se unen al combo a instancias de sus chicas y terminan siendo amigos entre ellos por extensión-, lo cual es considerado el ideal familiar. Y lo sería, si no fuera porque las estadísticas indican que la mayoría de las infidelidades que acaban en divorcios, rupturas de relaciones personales y de negocios, a veces hasta en crímenes pasionales, se dan dentro de ese estrecho circulo de amigos. Lo mismo que muchos de los abusos sexuales a menores. Todo esto me dice que ese exceso de intimidad, no es saludable.

Casi siempre mis mejores amigos fueron hombres, con los que de continuo me sentí más cómoda. Lamentablemente, la mayoría de ellos ahora se encuentra lejos y construir nuevos nexos no me ha sido fácil. El problema es que los varones, tienen poca capacidad para separar su psiquismo de su sexualidad y los que no me han conocido con anterioridad, interpretarán mis avances hacia una relación, como interés romántico o sexual... o ambos. Al parecer, es lo único que se puede esperar de una mujer. Tendría que frustrarlos primero en la cama, para poder plantar y germinar la semilla del amor platónico. La otra fórmula posible, es pasarlos por el tamiz de la confusión. Primero piensan que me gustan, unos se halagan y otros se asustan. Luego, los que se sienten "presionados" por mis "avances", se creen obligados por su condición de machos a "responder" y terminan ofendidos por mi "rechazo" al haberles enviado "señales equívocas". A veces hasta llegan a la conclusión inmediata de que soy gay. Superado lo anterior -si es que se logra-, pueden ser mis amigos para siempre. Los hombres son mucho más fieles y desinteresados en su amistad.

Soy incómoda, lo ven, no tengo asidero. Si los hombres son de Marte, las mujeres de Venus y los gays del algún planeta colorido, yo soy de Mercurio. Mi mente y mi espíritu son más importantes que mi cuerpo. Y, cuál sería la consecuencia de este origen exótico? Pues que lo único que me entusiasma de verdad, es saber y compartir conocimiento. Analizar, desentrañar, entender, observar, son mis hobbies. Mis materias? El arte en todas sus formas. La conducta humana. El cuerpo y el espíritu. La vida y la muerte. El universo. Lo que se mueve y lo que está quieto...

Ustedes dirán: Qué presentación tan rara esta! Pues tómenlo como una introducción orientada a mostrarles que aquí van a encontrar análisis de cualquier cosa. Controversiales muchas veces, pero sólo con el fin de originar debates INTELECTUALES, no discusiones bizantinas. También publicaré algunos artículos y reportajes. Algo que llamo "crónicas cotidianas" y mis libros, que los tengo y no han logrado ver la luz en otros lugares. Me encantaría que resultara que los encuentran de interés, los comentan, comparten y...compran!

Este es un espacio que divaga entre lo divino y lo profano sin pretensiones eruditas. Y además, muy libremente.

Nuevamente bienvenidos,

Mariana Azpurua